Reflexiones desde y para el capítulo por Nicolás Kitroser

Reflexiones desde y para el capítulo



“Quisiera ser un PEF”
 Juan Luis Guerra

    Hace unas semanas, ayudé en la preparación de la primera actividad de cine organizada por el PEF. La película elegida fue un documental sobre Ramón Carrillo lo que alejó un poco a esta actividad del cine y la acercó más a un encuentro de reflexión política, similar al ciclo realizado en el 2013 de formación política, que cerró, justamente, estudiando a Carrillo. Recuerdo que en el chat grupal Fede Pavlovsky nos instó a que retomáramos en el encuentro de cine algo de aquel espacio. Inmediatamente me vino un recuerdo de esa noche que me pareció que valía la pena compartirlo, así que aquí va.

    El invitado para hablar sobre Ramón Carrillo había sido en aquella oportunidad Juan Carlos Stagnaro; para quien no lo conoce, ex presidente de APSA y del capítulo de historia y epistemología, y gran promotor del PEF. Ramón Carrillo terminó sus días exiliado en Brasil, viviendo en la pobreza y aislado de sus compatriotas, en un extremo contraste con su popularidad y sus logros como ministro de salud. Este final me hizo recordar al de Ignac Semmelweis, y lo traje a colación para escuchar a Stagnaro. Pero ahora debo explicar quién fue Semmelweis: la gran mayoría de nosotros leímos sobre él en alguna clase sobre pensamiento científico. Semmelweis fue un médico húngaro que vivió en la primera mitad del siglo XIX, y es recordado por haber estudiado la fiebre puerperal, enorme causa de muerte, en el hospital donde trabajaba, de las mujeres que recién habían dado a luz. Lo que motivó que investigara este cuadro fue la observación de que, de las dos salas de internación para mujeres puérperas, una tenía una tasa de mortalidad muchísimo mayor que la otra. Por lo tanto, se dedicó a comparar y buscar cuál era el origen de esa diferencia, y luego, a evaluar las más absurdas variables (recuerden que aun no se tenía noción de la existencia de microorganismos como responsables de las enfermedades infecciosas):  Cambia la disposición de las camas, lleva las camas de una habitación a la otra, cambia la iluminación… nada. La habitación A seguía teniendo una mortalidad mucho más alta que la B. Entonces continúa observando qué podía diferenciarlas y encuentra un “detalle”: los médicos de la habitación A atendían partos luego de realizar disecciones en la morgue del hospital. Teoriza entonces que el material cadavérico era el responsable de provocar la fiebre puerperal y hace a los médicos lavarse las manos luego de las autopsias: las muertes por fiebre puerperal descienden bruscamente. Esto es lo que leí en la materia “pensamiento científico”, pero la parte más importante de esta historia me la relató por primera vez un profesor de Salud Pública en la facultad (del cuál ahora no recuerdo el nombre), y es lo que sucede luego: Semmelweis es ignorado por la comunidad médica. Ante su insistencia, termina internado en un manicomio. La idea de que los médicos pudieran contagiar enfermedades era profundamente subversiva, intolerable para la comunidad médica de ese entonces. Sólo tras los descubrimientos de Louis Pasteur (que ya tenía un gigantesco renombre como investigador) se reconoció la importancia de la asepsia.

    En su momento asocié las dos historias, Carrillo y Semmelweis, por su “triste, solitario y final”, como diría Soriano, símbolo de personas que debieron pagar el precio por defender sus ideales en busca de un mundo mejor. A Stagnaro no le gustó la comparación demasiado (y hoy en día, mientras escribo esto reconozco que a mí tampoco) pero una vez finalizado el encuentro se acercó a mí y, con aire de maestro zen dijo:

-¿Sabés por qué Semmelweis se volvió loco? Porque estaba solo.

    En el último congreso de Mar del Plata estuve recordando mucho estas palabras, que a mi entender constituyen el núcleo y esencia de lo que es el PEF, y tenía ganas de compartirlas. Porque a medida que crecemos es importante que no perdamos esta finalidad, no volvernos locos. Tengo el recuerdo de Fede, en aquel congreso de Mar del Plata en que presentó el PEF oficialmente, donde describía la soledad de nuestro trabajo y la importancia de rodearse con gente que a uno lo estimule a hacer cosas (estuve ahí, pero no me incorporé sino un año después). El trabajo en soledad, tan en contacto con el sufrimiento humano, enloquece. El dejar de formarse y quedarse en una inercia conceptual hace aburrido nuestro trabajo, y también enloquece. El no reconocer al otro como un semejante, el ver a un colega como adversario, el desentenderse de la situación social de nuestros pacientes, el no preocuparse por la formación educativa en cualquiera de sus formas, todo esto nos acerca a la locura. Si no les gusta el término, reemplácenlo por el de burn out, es igual de válido aunque menos poético.

Cuando terminó el segundo curso de verano tuve una sensación extraña; me di cuenta del enorme trabajo que habíamos realizado y sin embargo en ningún momento sentí que había hecho un gran esfuerzo. Pero claro, cuando se organiza un curso entre seis personas que trabajan en la misma dirección, el esfuerzo se divide y se siente que hacer estas cosas es fácil; mejor dicho, se hace fácil. Como Semmelweis, nosotros constantemente estamos realizando actividades para cambiar el mundo, los encuentros federales de psiquiatras son un ejemplo claro, y también los trabajos de investigación (que la primera investigación PEF haya sido sobre el burn out no es casualidad). Como Semmelweis también, tenemos que tener una posición ética férrea respecto al conocimiento y no dudar en compartirlo con toda persona que desee acceder a él; somos un capítulo sobre formación y no hay conocimiento bueno o malo. Pero, al contrario de él, somos una red y estamos los unos para los otros. Estamos para empujarnos a más, que es muy distinto a presionarnos. La presión inmoviliza, angustia, enloquece. A medida que vayamos creciendo como grupo, creo importante no perder este rumbo, si nos sentimos presionados algo está mal. Empujar es ayudar a crecer, a proyectar. Tenemos que pelear contra el aislamiento, estimular la mayor participación de jóvenes profesionales, no sólo de psiquiatras, sino también de psicólogos y, por qué no, de enfermeros y trabajadores sociales. La mejor comunicación con ellos repercutirá en un trabajo más fácil para nosotros.

    Hoy en día no puedo imaginarme mi trabajo como psiquiatra y psicoterapeuta sin el PEF, sin ustedes. Los necesito para que sigan empujándome a aprender y a compartir lo aprendido. En fin, quería agradecerles el estar ahí para no volverme (tan) loco.

Nicolás Kitroser
Buenos Aires, 26/05/15
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1 comentario:

  1. Ese día parece que fue importante para varios de nosotros, el Prof. Juan Carlos me permitió estar ahí, con uds y recuerdo exactamente tu comentario querido Nico, y mi afán por recordar cada cosa que sucedió ese día, rodeados de un perfume de hojas amarillentas que daban el toque perfecto para ambientar aquel encuentro que nos invitó a nunca más estar solos! Gracias por tus hermosas palabras!

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